Un hombre le dijo al Buda: “Yo quiero felicidad”, Buda le contestó: primero retira el “Yo” eso es el ego, después remueve “Quiero” porque es deseo.  Mira, ahora solo tienes “Felicidad”

Imagino que en innumerables ocasiones te has cachado en conversaciones internas imparables. Discusiones incómodas de uno mismo forcejeando con la realidad, con un pasado que no sucedió o con un futuro que aún no llega.

Tendemos a creer que esa vocecita que habla sin cesar y chinga todo el día, somos nosotros mismos.  Error.  Esa vocecita se llama ego.  Hay quienes creen que el ego es la idea de creerse mejor o más importante que otros; no, no es eso.  El ego es un personaje tremendamente hábil, que nació junto contigo, y se ha forjado al lado de tus experiencias. Con el tiempo se ha fortalecido con tus creencias, siendo quien más firmemente las defiende, argumentando que todo lo que esta afuera de tus dogmas es aterrador.

Es tu yo caprichoso interior; el que quiere todo para ya; el que cree merecerse todo; el que se siente Dios cuando todo le sale; o te pendejea cuando no.  Es ese que produce las películas de terror cuando las cosas no suceden como él dice.  Es ese personaje que te critica incesantemente; porque si y porque no también; el que te maneja susurrándote al oído que tu identidad depende de lo que los demás piensen de ti.  Es un personaje que perturba y condiciona tu pensamiento.  A ese manipulador le debemos gran parte de nuestra infelicidad y por voluntad propia.

El ego es esa entidad dentro de nosotros que necesita alimentarse continuamente de buena imagen ante la sociedad. Carece de humildad y cae muy a menudo en el ejercicio de la soberbia pues pretende situarse por encima de los demás.  Cuando nos dejamos dominar por él, la opinión que tenemos sobre nosotros mismos se distorsiona, y el verdadero yo se aleja y por ende, conocernos realmente se nos complica.

El ego nos hace ver el mundo a través de ilusiones; todas fascinantes: unas maravillosas y otras de terror; y por ende, nos perturba y no nos deja ver las cosas como realmente son, afectándonos a nosotros mismos y a quienes nos rodean.  Le encanta revisitar el pasado para torturar sin piedad -un pasado que ya fue y, por tanto, ya no existe-.  O comienza a figurarse el futuro -que aún no sucede- para llenarnos de ilusión o angustia.  Otras veces simplemente se sienta a criticar a mansalva el presente para robarnos energía, nublando la conciencia y quitando claridad, pues disfraza la realidad con su opinión y no deja observar las cosas como son. 

Si entendemos que esto del ego es así, me atrevo a sugerir como poder atenuar esa voz incómoda.  Lo primero que debemos reconocer es que el ego no soy yo, es decir, no somos esa voz.  Es cierto que es una parte de nosotros, pero no es más que un ente que nos habita.  Por lo tanto, lo primero es hacer consciencia de su existencia, y que somos nosotros quienes lo podemos dominar y no al revés, como típicamente dejamos que suceda.  Eso es lo que nos va a permitir quitarle el control.  Cuando esa voz comience a hablar y la reconocemos, estamos haciendo consciencia de que existe y de forma inmediata podemos dominarlo y hacer que esa voz comience a perder poder.  Recuerda, el ego perturba, la consciencia tranquiliza. 

De manera sencilla podemos saber si el ego nos tiene de hijos.  Identifica cualquiera de lo siguiente: no sales de tu zona de confort; tienes una falsa autoestima; buscas constantemente aprobación; intentas llamar la atención o estas al pendiente de la impresión que vas a causar en los demás.  Creo que es fácil darnos cuenta.  Lo que no queremos creer, es que esta en nosotros dominarlo. El ego habita en nosotros, no al revés.

Dado que el ego es enemigo acérrimo de la realidad, hay ciertas cosas que puedes hacer para comenzar a quitarle su poder.  Yo te sugiero interiorizar estos tres sencillos enunciados que he aprendido en un taller maravilloso sobre la quietud, y que me han servido una barbaridad.  Estos son:

Es decir, cuando te estés mortificando por la decisión que tomaste o la situación que ya ocurrió, quien te está atormentando es tu ego.  Toma consciencia y dile “el pasado ya pasó”.  Igualmente, cuando esa voz resuene planteando escenarios a futuro, por fantásticos que sean (aunque muchas veces son aterradores), recuerda que quien está especulando es el ego; así que toma consciencia y repite, “el futuro no existe, pues aún no ha ocurrido”. Ese ir y venir entre pasado y futuro es la manera de evadir el presente y cargárselo.  El único instante real es el que vives en el momento presente, punto.  Y como tal, no lo puedes cambiar.  Por eso, toma consciencia y repite: “es lo que es y hay lo que hay… y así, también está bien”.

En palabras llanas, dominar al ego significa quitarte la capacidad de armarla de pedo.  Al Chile que vivirás más a gusto, en paz y quieto.  Serás más libre, aceptante y con una capacidad de disfrute mayor.  Es decir, más feliz.

Dice Hamza Yusuf: “los débiles son dominados por su ego; los sabios dominan su ego; y los inteligentes están en una lucha constante contra su ego”. Nosotros somos seres pensantes con capacidad de consciencia.  Seamos, al menos, inteligentes, pues sabios ya sería mucho pedir.

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