“Un gran líder no necesariamente es quien hace grandes cosas.  Es la persona que logra que otros las hagan” Ronald Reagan

Si quisiéramos definir la palabra delegar en relación al mundo empresarial, diríamos algo así: es el reparto de tareas, resolución de problemas y asignación de autoridad y autonomía a los empleados, para que estos realicen funciones, con el objetivo de determinar el rumbo de la empresa.

Pareciera -de entrada – que delegar es muy sencillo y, sin embargo, se vuelve todo un reto para nosotros, particularmente en la etapa temprana de nuestras vidas, donde prácticamente iniciamos por intuición y por las formas que vamos adoptando de la familia -sí, de los padres-, los jefes y las organizaciones a las que pertenecemos.

De forma instintiva reconocemos que saber delegar conlleva enormes beneficios, pues nos permite hacer más cosas, desarrollar gente, comprometerla y potenciar el resultado.  No obstante, llevar esto a la práctica de manera efectiva no es tan sencillo.  El deseo de control y la desconfianza en que otros puedan hacerlo igual que uno, son los principales obstáculos que interfieren en el buen ejercicio de delegar.

Uno debe prepararse mentalmente para dejar la aprehensión, las dudas y los nervios.  Es como cuando soltamos a un hijo para que este comience a ser independiente.  Aunque no lo creamos, nuestro hijo cuenta con herramientas para saber lidiar con retos y responsabilidades, y aquellas situaciones con las que se estrelle, le servirán para acumular arsenal.  Mi mujer no me dejará mentir que siempre le digo que su principal función como madre es volverse prescindible.  Bueno pues esto mismo es lo que le digo a usted.  Dejar nuestros encargos en manos de otros es cuestión de práctica.  Y uno debe desarrollar paciencia, flexibilidad y tolerancia, y aceptar que también hay otros que son capaces de hacerse cargo de las cosas que solía hacer usted.  Bájele a la arrogancia y no sea soberbio.  Nadie es indispensable.

Debe tener claro que el éxito se potencia si se comparten los retos y las responsabilidades.  Si usted comienza a crecer, muy pronto se dará cuenta que se verá rebasado por las tareas y responsabilidades acumuladas en su persona.  Y si no suelta, usted mismo limitará su éxito personal. Usted requiere de más tiempo para enfocarse en nuevos retos o de mayor importancia. Así que cuando eso comience a pasar, lo primero que debe hacer es rodearse del mejor talento posible.  Parta de esta simple premisa: si va a delegar en otro una tarea importante para usted, mejor que sea en una persona igual o más capaz que usted.  ¡Busque a los mejores y arme su equipo de galácticos alrededor suyo!  Y recuerde: delegar implica transferir autoridad, que es la que brinda la independencia requerida para asumir la encomienda.

En mi experiencia, lo más efectivo para lograr compromiso en las personas es encomendar responsabilidades, tareas importantes y empoderar. No hay antídoto más poderoso para alguien que sentirse tomado en cuenta, importante.  Eso produce compromiso y sentido de pertenencia.

Delegar es un ejercicio de confianza.  Por un lado, todos los días esperamos de los demás coherencia, compromiso, competencia, actitud, respeto y resultados.  Pero también es un compromiso con nosotros mismos de soltar y creer que estamos haciendo lo correcto, con las personas adecuadas, y en el momento oportuno.

Por lo tanto, mi recomendación para delegar la resumo en estos preceptos básicos:

Encomendar no significa que usted se aleje y abandone a su suerte a las personas, claro que no.  Es fundamental que se asegure que existan espacios de encuentro que propicien una adecuada comunicación y retroalimentación y que la persona sienta que cuenta con su apoyo en el momento que lo necesite.  Lo mismo que con los hijos.

Recuerde esta máxima: a las personas las mueven las emociones.  Usted se equivoca si cree que la gente trabaja por objetivos ¡no es así!  No quiero decir con esto que no ponga metas u objetivos, ni de loco lo haría, pero si le digo que, si solo se enfoca en eso, le va a costar trabajo.  Así que concéntrese en desarrollar sus habilidades de comunicador, motive, ilusione; encargue tareas importantes y ¡deje trabajar!  Defina los entregables, comprometa fechas y deje de joder.  La gente sí trabaja; la que no, se filtra sola, pues usted se da cuenta con los resultados.  No se estrese.

Finalmente, tome consciencia de este principio básico: a la gente le gusta lo mismo que a usted.  Por ejemplo: que su jefe lo tome en cuenta, que le dé proyectos importantes, que le escuche, que le diga donde está parado… ¡igualito que usted! Así que esto no parece tener mucha ciencia; es cuestión de decisión y valentía. Porque si usted es claro en la comunicación de lo que se espera, otorga empoderamiento y libertad para ello, y escucha y ubica en la realidad, tenga por seguro que cosechará compromiso y productividad y generará un clima de confianza espectacular… y aplica para la familia igual… créame, se lo digo Al Chile.

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