La única persona a la que debes ser leal es a ti mismo

¿Cuándo perdimos la esencia de hablar con sinceridad? ¿Qué hacemos para no caer en el maldito juego de la hipocresía? La sociedad actual enfatiza es perverso juego.  Las redes sociales han servido como una pantalla en la vida de las personas y estas, pretenden comunicar solo cosas maravillosas para hacer creer lo bellas que son sus vidas.  Quizás con la única excepción de cuando se victimizan, donde claramente buscan la empatía popular ¡quien no va a ser empático con quien dice que sufre!

La hipocresía es un comportamiento que se manifiesta de manera muy natural en las relaciones sociales o de trabajo, haciendo de estas, actuaciones histriónicas que evaden la sinceridad y que nos esconden de nosotros mismos. ¿Por qué somos así, por qué tanta falsedad?, ¿nos sentimos débiles si somos sinceros? ¿es el costo de “pertenecer”? ¿es la comodidad de no confrontar? No nos damos cuenta de nuestras propias contradicciones, o simplemente no queremos verlas.

Es muy claro que la sinceridad es un valor muy importante en las personas, ya que es la capacidad de no faltar a la verdad.  Es hablar al chile, partiendo de lo que somos, de nuestra propia personalidad, de nuestros valores, creencias y principios. Es actuar con naturalidad.

Sin embargo, pareciera que la hipocresía es un mal necesario en la sociedad; un mecanismo de defensa que sólo alimenta el engaño y la doble moral. La naturaleza humana es mezquina y lamentablemente todos alguna vez, por interés, por miedo, por no enojarnos, por celos o envidia, por necesidad o por piedad, hemos sido hipócritas.  Ojalá tengamos la valentía de cacharnos y nunca acostumbrarnos al engaño, porque donde nos acostumbremos a la actuación, comenzamos a perder la dignidad y de allí, el resto.

La hipocresía viene del deseo de esconder de los demás motivos reales, sentimientos; es de aquel que busca aparentar. Dice Janet Malcom que es el lubricante que hace funcionar a la sociedad. Creo que se debe referir al lubricante que ayuda a que se resbale la credibilidad, las instituciones y la cohesión social. El mal de nuestro tiempo; evadimos la sinceridad como si esta nos desnudara y fuera algo terrible.  Evadimos la verdad y le tememos.

Yo conozco el juego; de hecho, creo que lo practiqué con gran habilidad en el pasado e incluso hoy, actúo con cierta maestría en ocasiones.  No voy a mentir.  Uno asume diferentes roles en función de quién le escucha y de los objetivos que desea alcanzar. La sinceridad genera un dilema personal: digo la verdad y asumo las consecuencias de mi afirmación o, por el contrario, miento y evito un posible conflicto.  Ejemplos innumerables hay sobre esto; como aquel que no piensa igual que su jefe o la empresa, o algún amigo, pero prefiere callar por el hecho de “pertenecer”. O ese que es divino en el trato con sus compañeros de trabajo, pero en la casa es un cabrón.  O el que compra un carro de marca lujosa, así hipoteque su futuro y postergue cosas más esenciales, solo por el hecho de que cree que, al tenerlo, la gente lo valorará más. Como la casa de la pantera rosa: solo fachada.

No quiero decir que la sinceridad sea decir directamente y sin filtro lo que sentimos o pensamos y hablar a lo pendejo; no los invitaría a ello; no sería tan ingenuo.  Pero sí los exhorto a que, más que piensen antes de hablar, sientan antes lo que quieren decir.  Ser sincero requiere tacto, esto no es encubrir la verdad o ser vagos al decir las cosas. Hay que encontrar el momento y lugar oportunos, esto último garantiza que la persona nos escuchará y descubrirá nuestra buena intención.  La naturalidad se valora y nuestro ser es tan noble, que no se equivoca. Los episodios que marcaron mi vida y que recuerdo con mayor satisfacción, son aquellos en los que me mostré como soy, y actué de acuerdo a mi sentir, a mis principios y valores.  Y son esos los que más aprecio y me enorgullecen más. 

Los años y la reflexión que trajo la distancia que he puesto de por medio entre mi persona y ese mundo teatral de la hipocresía empresarial en la que estaba, me ha enseñado el enorme valor de la congruencia: de pensar, actuar y hablar Al Chile.  La sinceridad requiere el valor de encarar a la hipocresía y desactivarla de nuestro interior para ser auténticos y eliminar la influencia que pueda tener sobre nosotros.  Ten claro que las únicas expectativas a las que debes obedecer son las tuyas propias; ser fiel a tus principios y valores, los cuales no son negociables. Pero recuerda que la hipocresía intentará sabotearte a menudo.  Sin embargo, la sinceridad se aprecia como un bien escaso. Hablar Al Chile, paga y paga bien. No venimos a esta vida a darle gusto a nadie, ni a que el mundo exterior nos certifique.  Venimos a sentirnos bien con nosotros mismos, no ha buscar la aprobación del afuera. Lo dijo Shannon L. Alder “uno de los mayores remordimientos en la vida es ser lo que otros querrían que fueras, en lugar de ser tú mismo”.

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