“Los que emplean mal su tiempo, son los primeros en quejarse de su brevedad”

Jean de la Bruyére

Sobre esta nueva realidad que ha llegado para quedarse, Julie Wilson, miembro fundador del Instituto para el Aprendizaje Futuro de la Universidad de Harvard, dice: “Gestionar equipos de manera virtual requiere que los ejecutivos refuercen los fundamentos de la buena administración: establecer objetivos claros, liderar reuniones de forma eficiente, comunicar de manera clara y apalancarse en las fortalezas individuales y colectivas del grupo.”

La bendita pandemia nos desbarató el modelo de gestión tradicional de oficina.  Ahora resulta, por fortuna, que podemos trabajar desde la casa y administrar desde allí.  Ya no hay vuelta atrás; es una dinámica de interacción y trabajo a la que nos hemos acostumbrado y nos quedó gustando.  Llegó para quedarse.

A pesar de que nos creíamos los más chingones en el manejo de un sinnúmero de herramientas tecnológicas que ya utilizábamos con cierta regularidad, nos ha caído como agua helada -particularmente a los veteranos como yo-, el darnos cuenta que liderar un equipo y gestionar la estrategia de una empresa de esta forma, no parece ser tan trivial.  Sin embargo, considero que los grandes retos no son tan distintos: administrar la comunicación, la confianza y la productividad.

Una de las consecuencias de la distancia física es que limita la comunicación y, por lo tanto, la cohesión y motivación de los equipos se vuelve difícil.  Sin embargo, si se cuenta con una metodología que gestione la estrategia y sus metas, la administración de la empresa y sus objetivos debe funcionar igual.

Po otro lado, está el factor confianza, que es clave en cualquier relación.  Los empleados confían en sus ejecutivos cuando ambos construyen una relación sólida y comparten una visión.  Cuando esto es así, la colaboración y el compromiso ocurren de manera natural.  Pero esto requiere de un esfuerzo adicional cuando la interacción personal se da de manera intermitente.

También existen aquellos -nuevamente, quizás más en los veteranos- a los que aún les quita el sueño que los empleados trabajen remotamente y no en la oficina.  Ellos desean ver a la gente calentando silla de 8 a 6, pues piensan que la productividad decae o sienten que pierden el control que tanto les gusta tener.  Para ellos les tengo un mensaje: ¡entiendan de una vez, la productividad no tiene que ver con el chequeo constante! ¡Suelten, ríndanse! la gente trabaja por el compromiso que siente para lograr sus objetivos.  Concéntrese en eso y deje de molestar.  Además, la gente se filtra sola y usted se da cuenta con los resultados.  No se estrese.

En mi opinión, el éxito de liderar un equipo en esta nueva realidad que integra la virtualidad como parte del día a día – y en cualquier otra -, radica en la habilidad que se tenga para definir de manera clara y creativa las expectativas y los entregables.  Estas épocas del Whatss y el Zoom, enfatizaron de manera silenciosa el beneficio y la efectividad que brindan el uso de técnicas tradicionales de gestión.  Sí, efectivamente: me refiero a la teoría de negocios que predican en las universidades y que se crearon para administrar equipos.  En palabras llanas: hoy más que nunca, nada de improvisar y creerse gurú de la administración e inventarse el hilo negro.  Siempre ha sido bueno tomar los libros y elegir una metodología de gestión integral para utilizar y llevar a la práctica.  Y ojo que no me refiero únicamente a indicadores y números, que supongo sus extraordinarios sistemas o RPs empresariales les brindan a montones, no, a eso no me refiero pues de eso sus ejecutivos deben estar hasta la madre de información.  Me refiero a comunicar una visión, una aspiración y cómo esta se lleva a la práctica y se mide.

Te sugiero que, como dicen por allí, se regrese a lo básico: back to basics.  Para mí eso significa lo siguiente: contar con una metodología que nos ayude a alinear, focalizar y direccionar.  Procurar que la estrategia y sus objetivos sean asimilables, esto es: entendibles, fáciles de comunicar y medir.  En esta nueva realidad del mundo empresarial, es de suma importancia que los mensajes sean sencillos, la estrategia y sus iniciativas descifrables, digeribles y administrables.  En resumen, contar con una herramienta de gestión que nos de estructura para facilitar la gestión y el logro de los objetivos.

Por otro lado, sugiero enfatizar y poner más atención a comunicarnos con claridad y sinceridad, esto con el afán de construir confianza.  La pandemia nos ha forjado en el buen uso de los horarios y las agendas para evitar las sorpresivas y molestas llamadas a juntas no programadas y conseguir esa agradable sensación de respeto por el tiempo, no solo de los demás, sino del propio para nuestro goce personal. 

Por otro lado, siempre será importante buscar espacios para conversaciones interpersonales y de grupo para el intercambio de opiniones que potencien la confianza del equipo. Ojo que acá queda estrictamente prohibido monopolizar la conversación.  Este tipo de espacios son agradables para integrarnos todos.

Estoy convencido, porque así lo viví, que los empleados se mueren en la raya con sus jefes si ambos creen en una visión compartida; cuando esto es así, la colaboración y el compromiso ocurren de manera natural. En resumen, lo que quiero reafirmar es la necesidad de contar con una metodología formal e integral de gestión, que nos ayude a simplificar y focalizar (no joder y no generar caos), de manera que las metas sean más sencillas de alcanzar.  No es ciencia oculta: se trata de unidad de criterio en torno a una estrategia y sus iniciativas.  Por lo tanto, muévase a revisar si está organizada la gobernanza de su gestión así.  Créame que, Al Chile, su gente y usted lo van a agradecer.

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