No soy producto de las circunstancias, sino de cómo me manejo y reacciono ante ellas

Enumero algunas situaciones que seguro, te han sucedido:

Me dieron únicamente cinco minutos para presentar el proyecto al VP que viene del corporativo por lo que debo ser muy certero.

Los planes que tenía con mi pareja se alteran: le acaban de ofrecer trabajo en otra ciudad.

La situación está que arde: se cayeron las ventas a la mitad, los costos han subido enormemente y la gente a mi cargo está preocupada porque el grupo está cerrando operaciones no rentables en el mundo.

Llevaba meses trabajando en el proyecto, y me acaban de decir que no hay plata para inversiones.

Me toca proceder con el despido del grupo completo del centro de servicio puesto que vamos a tercerizar toda la operación.

Estas, como muchas otras situaciones de la vida, no requieren de conocimientos técnicos para enfrentarlas, sino lo que comúnmente conocemos como habilidades blandas.  Estas tienen que ver con la puesta en práctica integrada de aptitudes, rasgos de personalidad, conocimientos y valores adquiridos que ayudan a uno, tanto en su vida social, como profesional.  Estas destrezas son de enorme influencia pues mejoran la manera como enfrentamos situaciones e interactuamos con otros en diversas circunstancias.  Ser conscientes de ellas es muy importante pues nos complementan y nos ayudan a ser personas virtuosas y más completas.

Voy a tomar el primer ejemplo -de los 5 minutos para presentar un proyecto- puesto que me enfrente a él en más de una ocasión en mi vida profesional.  Trabajé en una multinacional con operaciones en más de 50 países donde uno competía por capital contra todos.  Claramente mis compañeros y yo reuníamos proyectos muy sólidos, pues los conocimientos técnicos y la experiencia en la industria nos capacitaba para detectar oportunidades, articularlas y presentarlas.  Con seguridad todos los proyectos que presentábamos eran rentables y atractivos y complementaban muy bien el negocio y la estrategia.  Sin embargo, eso no era suficiente.  Al final, quien tuviera la habilidad de comunicar de forma contundente, con excelente capacidad de síntesis y que supiera “llegarle” al comité rector, era quien salía con los recursos.  Se podría argumentar que incluso se quedaban por fuera proyectos más rentables, pero seguramente quien tenía la responsabilidad de comunicarlo, falló.

Es así como en la vida profesional y personal, las personas comienzan a distinguirse por qué tan desarrolladas tienen sus habilidades blandas.  Les permite enfrentar de una mejor manera las cosas, interactuar mejor y obtener resultados más satisfactorios.   Mucho de este arte se aprende desde pequeño en casa, en el colegio o en el equipo al que pertenecíamos, más otro tanto es adoptado a través de la observación y la experiencia.  Con esto no quiero decir que no puedan ser aprendidas en un aula, al contrario, ojalá los colegios, las universidades y las empresas, comiencen a incluirlas en sus programas, puesto que es una manera de educar adultos en emociones que les serán universalmente benéficas, que provocarían un mundo mejor, más práctico y diligente, donde las cosas fluyan con facilidad.

Son muchas destrezas las que pueden considerarse como habilidades blandas. Quiero tomarme el atrevimiento de agrupar en 2 categorías las que considero, más relevantes.

  1. Las relacionadas a la interacción:
  2. Empatía, liderazgo, destreza en negociación, comunicación efectiva, capacidad de síntesis, espíritu colaborativo, adaptabilidad.
  3. Las que tienen que ver con el talante:
  4. Inteligencia emocional, resiliencia, recursividad, flexibilidad, motivación, persuasión, tolerancia, disciplina, planificación, toma de decisiones.

Desde mi perspectiva considero que es fundamental desarrollarlas, pues tienen un valor superior sobre cualquier habilidad técnica ya que son de uso universal para la vida personal o profesional.  Sin embargo, pocas veces las personas buscamos perfeccionarlas.  Para mí, son el distingo entre una persona virtuosa y otra que no.  Si nos ponemos a reflexionar, el conocimiento técnico esta por ofrecido por igual y disponible, mas no así las destrezas intangibles relacionadas a estas habilidades, y al final son las que marcan la diferencia.

A nivel profesional son más que primordiales, puesto que estas destrezas son transferibles, es decir, que se pueden usar independientemente de la responsabilidad en la que se desenvuelve la persona. Los profesionales con habilidades blandas son mucho más adaptables y flexibles al momento de trabajar.  En mi experiencia como ejecutivo, uno da más importancia a estas habilidades por sobre lo técnico, particularmente en la medida que se sube en la escalera corporativa.

Si te detienes a pensar ¿qué diferencia hace que una persona tenga más de estas destrezas desarrolladas versus una que no?, llegarás rápido a las conclusiones:  será un individuo mucho más quieto, ecuánime, diverso, incluyente, confiable, apreciado y valorado. Por eso recalco la importancia de hacer consciencia sobre la relevancia de las mismas y motivarte el deseo de aprender y prepararte mejor.

Como dice Howard Gardner: “No es lo inteligente que eres lo que importa, lo que realmente cuenta es cómo es tu inteligencia”. Así que la próxima vez que evalúes tomar un curso, considera las habilidades blandas como prioridad, Al Chile te digo que hacen la diferencia.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *