La vida te da sorpresas, sorpresas te la vida, ay Dios

Recuerdo algunos episodios de mi vida:

Estoy seguro que cuando le cuente a mi madre de mi separación, me va a entender; será solidaria y empática conmigo.

Llevo 25 años en la empresa, siempre comprometido con mi trabajo, destacando por realizar cosas atrevidas, sobresalientes y recibiendo reconocimientos por ello.  No tengo duda que la empresa me quiere y me protege, por eso me seguirán promoviendo.

Me voy a mudar, construiré la casa de mis sueños y viviré de mis rentas pues tengo el futuro asegurado.

Las frases que recién lees, son una muestra de las muchas expectativas que he tenido en mi vida y que, como la inmensa mayoría, no se cumplieron y me provocaron frustración, sufrimiento o decepción.

Gracias a un taller maravilloso que estoy cursando, algo de lectura, mucha consciencia y trabajo interior, he entendido este asunto de las expectativas. Como me ha parecido revelador, quisiera compartirte lo que he aprendido, pues lo considero muy poderoso para conseguir quietud.

La conclusión más común a la que llegamos cuando nos respondemos por qué una expectativa incumplida genera frustración, sufrimiento o decepción, es precisamente porque esta no ocurrió.  Punto final, no hay más discusión.  El deseo se ve frustrado y, por ende, uno se siente mal.  No es así.  Vayamos por partes.

Las expectativas son resentimientos premeditados y las creamos con el pensamiento. ¿Adivina quién es el responsable de lo que piensas? ¡obviamente tú!  Lo que quiere decir que es uno mismo quien se genera la esperanza, y, por lo tanto, es uno mismo el que se resiente por haberla imaginado.  Allí está el primer error: no idealices el futuro puesto que no lo controlas.  Pero hay una cosa sobre la que si tienes poder: lo que piensas.  Y como las emociones son el reflejo de lo que estás pensando, pues entonces habría que utilizar la cabeza para trabajar a nuestro favor, y no en contra de uno.  Así que primer consejo: no idealices; únicamente confronta lo que venga.

¿Te has puesto a recapacitar en lo soberbio que es creer -así sea por poco tiempo- que somos capaces de controlar los resultados de nuestras acciones, situaciones ajenas o los comportamientos de otros?  O sea, uno se piensa don chingón.  Y entonces, ya embriagados por nuestra arrogancia, hasta nos molestamos porque las cosas no fueron como queríamos.  Perdón, pero te aviso que la vida es quien decide y supongo que, a estas alturas, ya te habrá dado más de una lección para mostrarte quién manda.  Y te seguirá dando mil más si no lo quieres aceptar.  La vida es caprichosa, sigue su curso y no te va a preguntar qué quieres; vendrá a darte lo que te hace falta.  Así que, cada que algo suceda, analiza qué herida tienes que sanar.  Si no lo haces, regresará con fuerza a ponerte el examen nuevamente; a ver si aprendes.

¿Qué hacer entonces?, ¿acaso no debo tener expectativas? La respuesta es un contundente no.  Sin embargo, como la idea de estas reflexiones no es solo de analizar, sino de proponer un cómo afrontar, pues ahí va un poco más ampliada la propuesta y se centra en la importancia de vivir el momento presente. 

Tener expectativas es estar gobernado por lo que creemos que tiene que ser la realidad; por lo que entendemos que debe pasar.  Cuando eso nos domina, abandonamos la realidad y perdemos libertad, pues nos volvemos esclavos de la expectativa idealizada.  Si tomo el ejemplo de mi mudanza y me dejo llevar por mi expectativa, voy a hacer que esta, choque con la realidad y entonces, la decepción me va a impedir disfrutar mi nuevo destino. Un desastre que podría haber sido evitado si lo único en lo que intento enfocarme es en el disfrute del momento tal y como viene.  Es decir, es lo que es y hay lo que hay; el resto es imaginario.  Por tanto, Al Chile que enfócate en el aquí y el ahora tal y como llega.

Ahora bien, alguien me diría, pero entonces ¿no debería tener metas, objetivos, aspiraciones? ¡Claro que sí! Pero ocúpate en que ocurra y haz que suceda.  Eso es muy distinto a tener expectativas.  Es tomar acciones hoy, para que estas te ayuden a lograr lo que anhelas. Por lo tanto, aférrate al presente; es lo único que tienes. Entiende que recordar, desear, esperar, lamentar y arrepentirse, son las tácticas más usuales y peligrosas del ego para evadir el presente. Como dijo Stephen Hawking “cuando las expectativas se reducen a cero, uno realmente aprecia todo lo que tiene”.

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