“Las excusas solo le sirven a quien las dice, no a quien las escucha”

Víctor Naranjo

En algunas ocasiones, la inspiración para estas reflexiones viene de frases que me han marcado de alguna manera en la vida.  Hoy hago referencia a una palabra que detesto: excusa.  La palabra me suena muy poco digna.  Es el monumento a la mediocridad, a la mentira, al despropósito.  Irresponsabilidad y cobardía encerradas en 6 letras. La receta perfecta del fracasado.

Con todo y esta no muy linda introducción a tan despreciable término, y a pesar de todo lo negativo que acarrea el solo hecho de pensar en una excusa, muchas personas permiten que se les cuele en su día a día.  Para muestra, nuestro decrépito presidente de México, quien lleva 3 años en el cargo únicamente vociferando excusas y repartiendo culpas. Algunas llegan a ser un auténtico atentado para la inteligencia de quienes las escuchamos.

Algunos, incluso, llegan al sacrilegio de disfrazar una excusa como mentira “piadosa”; como disfrazando en sentimiento de pena y compasión, la desgracia que pudiera sentir el otro por escuchar la verdad. Vaya mamada.

Muy temprano en mi vida laboral me tope con una persona que me hizo ver, de cruda manera, la estupidez de decir excusas.  Trabajaba en el área financiera de una importante empresa que crecía con rapidez por su manera tan eficaz y agresiva de gestionar.  En una oportunidad, estaba presentando un asunto o proyecto, la verdad no recuerdo exactamente qué, cuando de pronto expresé una excusa.  De inmediato, Víctor Naranjo, el director financiero, me ubica con su reacción lapidaria: “las excusas le sirven a quien las dice, no al que las escucha; grábese eso joven, le va a servir en su vida.  Recuerde que nos pagan por solucionar, no por describir problemas ni dar explicaciones.”  ¡Sopas! De buenas a primeras entendí la contundencia del mensaje.

Debemos tener el valor de enfrentar y responder con sinceridad ante cualquier situación.  Mejor decir no me importa, no quiero, no lo hice, no tengo interés, no tengo ganas o la cagué, antes que ensartar una mentira con el fin de evadir; es preferible eso, que soltar una estúpida excusa, por más creativa e inteligente que creas que sea.  Admite y sé responsable; verás que es mucho más preciado que evadir y tirar distractores por doquier.  Te aseguro que la responsabilidad y el valor, pagan bien.

A manera de reflexión, si te preguntara ¿qué tanto te excusas?, ¿qué dirías?

Varios meses después de aquella anécdota que marco mi aprendizaje sobre las excusas, el propio Víctor, en una cena en Caracas ante directivos de un banco internacional que cuestionaban mi corta edad para la responsabilidad que se me asignaba, les espetó otra frase contundente: “le doy la responsabilidad porque es el único que me dice las cosas Al Chile, como son, no lo que me quieren contar o lo que yo quisiese oír.” ¡Sopas! De nuevo otra lección, esta vez no con garrote.

Una persona auténtica, responsable y valiente, tiene prohibida la excusa.  Si usted desea avanzar, crecer y sentirse orgulloso: enfrente, no evada.  No importa si se equivoca: del error genuino se aprende más que del premeditado.  Ni usted ni yo conocemos gente que triunfe sin haber superado el fracaso.  Quien realmente quiere algo, busca los medios y sortea cualquier cantidad de obstáculos. Para ellos no existe la excusa.  Como dicen, si usted no quiere ir, todo le parecerá lejos.  Las excusas limitan, retraen; nosotros estamos para aprender y crecer; para expandir nuestro conocimiento y experiencia.  Las excusas son justificaciones a la desidia, a la irresponsabilidad y a la cobardía.  Yo atribuyo gran parte de mi éxito a que nunca acepté una excusa, ni mía, ni mucho menos de alguien más.

Finalizo con una frase maravillosa -quizás mi favorita de todas- que le escuché al manager de Luis Miguel en la serie de Netflix sobre la vida del cantante: “nadie se arrepiente por ser valiente”.

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