“El primer profesor de un hijo, es su madre”

Peng Liyuan

La semana pasada estuve visitando a mi madre. Es una mujer que en un mes alcanzará los 98 años; goza de buena salud y lo mejor, aun con la mente alerta gracias a su afición por la lectura.  En la conversación me pidió que le explicara con detalle a qué me dedicaba ahora, pues no tenía claridad de lo que hacía desde que dejé el mundo corporativo.  Esto dio pie a una gran charla que quiero compartir con ustedes.

La plática me llevó a meditar inmediatamente sobre un tema común a todos: la llamada “realización personal”.  El momento me retó y me invitó a reflexionar, al tiempo que de manera desafiante y por medio de mis preguntas, provoqué a mi madre a retar sus creencias, y las mías… Voy a intentar narrar lo sucedido.

Yo inicié gustoso especificándole cada una de mis actividades actuales; todas, las prácticas y las lúdicas.  Cuando finalicé me dijo: “pues hijo, espero que logres tus objetivos para que te sientas realizado”, lo cual me dejó pensando.  Después de una pausa le dije: “¿y qué significa para ti sentirse realizado?”, y ella me respondió: “pues lograr tus metas”, a lo que inmediatamente repliqué: “y si no las logro, ¿qué pasa?”, y me espeta: “pues serías un fracasado”.  Confieso que esa aseveración, aunque no me sorprendió viniendo de ella, si me sonó tremendamente fuerte, por lo que le regresé diciendo: “ah, entonces una persona que no alcanza sus objetivos ¿es un fracasado?” y ella lo reafirmó con un contundente “pues si”.

Ante esto, yo le dije: “wao, madre, no me parece. Hay metas que por diversas circunstancias no se alcanzan, pero eso no significa que quien no las logre es un fracasado… es muy fuerte tu postura”.  Ella hizo una pausa, se acomodó en su silla de ruedas y se quedó pensativa.  Pasó unos instantes mirando la habitación y de manera brillante me devolvió la pregunta: “ah, pues entonces, ¿qué es para ti sentirte realizado?”,y en ese momento fui yo, quien se quedó meditando la respuesta.

“Madre, pienso que muchos creen que sentirse realizado es lograr sus metas y objetivos.  Sin embargo, me parece que es quedarse corto.  Hay infinidad de personas que luchan incesantemente por sus causas y la vida, con lo caprichosa que es, les presenta circunstancias que les impiden lograrlas, pero no por eso son unos fracasados.  Es más, estoy seguro que muchos que alcanzan fortuna, poder, o fama, no estan tranquilos con sus vidas y no se sienten realizados como uno lo imagina, mientras otros de tus llamados fracasados, son felices con lo que les deparó el destino, aun no obteniendo lo que desearon”.  Y entonces, la viejita nada tonta vuelve y me repite: “pero no me has respondido hijo, ¿qué es para ti sentirte realizado?”.  Y nuevamente me puso contra la pared a meditar, y entonces respondí:

“Mira Rebeca, -yo le llamo regularmente por su nombre- yo creo que me sentiría realizado si logro tres cosas: 1. Dominar mi ego, 2. Eliminar mis expectativas y 3. Retar los límites de mis creencias y hábitos.  Pienso que, con eso, me sentiría realizado”.  Mi madre se giró hacia mí, me abrió los ojos, me miró fijamente, y entre sorprendida, incrédula y desconcertada por mi respuesta me dice: “a ver, a ver, explícame despacio…”  

“Pues mira, si logro dominar mi ego, doy un paso muy importante para encontrar mi paz, ya que me quito de encima a ese fastidioso personaje que todo quiere, pero nada le parece; que con su habilidad me cuestiona todo: lo que sí, lo que no, lo que ya paso, o lo que no ha pasado; si lo logro controlar, voy de gane.  Ahora bien, si elimino las expectativas de mi mente, alejo otra perturbación más: soñar. Las expectativas generan mundos ficticios, unos maravillosos y otros que son pesadillas de terror, pero al final, todas invenciones de la cabeza, y por muy lindas que sean, me quitan mi paz.  Es decir, me sentiría realizado si llego a hacer consciencia de esos dos monstruos enredadores: el ego y las expectativas.  Finalmente, si soy capaz de retar los límites de mis creencias y hábitos, es decir, de expandirlos, eso hará que aprecie y reconozca la diversidad de este planeta, aprenderé más y ganaré en inteligencia. No soy dueño de la verdad -y vaya que a veces me resisto-; solo veo las cosas con un determinado prisma y hay muchos lentes en el planeta: tantos como uno por habitante. Por lo que, si logro ser lo suficientemente flexible, me sentiré realizado.  Para mí, la inteligencia pasa por ello.  Ese es mi resumen Rebeca…”

Se quedó pensativa y me miró con una sonrisa; una de esas de madre orgullosa y entonces me dijo: “Interesante mijito… como hemos cambiado…” Hice una pausa, le tomé su mano izquierda y la miré a los ojos y también sonriendo le dije: “la vida, los chingadazos recibidos y la reflexión mamá”.

Al Chile que fue una gran conversación.

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