“Que las decisiones reflejen tus esperanzas, no tus miedos”

Nelson Mandela

Tomar decisiones es algo que hacemos todos los días.  Desde algo tan simple como elegir que comer o que vestir, hasta cosas complejas como el propósito de vida o la estrategia a seguir en nuestro trabajo.  Asumimos posturas o tomamos acciones frente a distintas situaciones que nos presenta nuestra vida cotidiana y esto nos define y proyecta al futuro; finalmente somos lo que decidimos ser.

Para mí, en la toma de decisiones hay básicamente de dos sopas: las triviales y las trascendentales; y dentro de estas dos, las hay aquellas que tienen menor o mayor grado de incertidumbre; todas en sus combinaciones posibles.  Sin embargo, lo que más me interesa comentar en este espacio, es sobre aquellas que implican mayor riesgo. Y ojo que en esta clasificación puede caer una decisión sencilla con poca incertidumbre, pero que representa un gran compromiso. Importante tener presente también que, no tomar decisiones, es, en sí, una decisión.

La primera emoción que suele aparecer cuando nos enfrentamos a una decisión importante es el miedo; el miedo a equivocarnos.  Es por eso que tomar decisiones que implican riesgo, es un asunto de valentía.  Valentía no es la ausencia de miedo, es más bien, reconocerlo y controlarlo.  Hay algunas emociones comunes en las decisiones de alto riesgo; por ejemplo, pensar que equivocarse es un fracaso irreparable, cuando en realidad, todo es susceptible de modificarse; o infravalorarse por miedo a quedar expuesto ante los demás o pensar que no se es capaz de asumir la responsabilidad.  Por consiguiente, al tomar decisiones es fundamental borrar el lastre amenazador del miedo al fracaso, pues este produce angustia, ansiedad y una necesidad de control excesiva, que puede llegar a paralizarnos.  Y lo peor de esto, es que todo es ficción.  Aunque hagamos nuestro mejor esfuerzo por recopilar información, elucubrar un sinnúmero de escenarios distintos de consecuencias y reacciones, la realidad es que el resultado es imposible de controlar ya que claramente hay factores que escapan a nuestro control.  Además, recuerda que la vida es caprichosa, y no dejará nunca de sorprendernos.

Todos estamos bien equipados para tomar decisiones y en la medida que tomamos más y más de estas, podemos sumar más herramientas a nuestro arsenal. Lo primordial a decidir es identificar nuestras capacidades y recursos, pero considero más importante aún, el conocer nuestras motivaciones y deseos.  Estos últimos son los que nos llevarán aún más lejos. Por otro lado, ten cuidado de la presión social o de grupo que, en no muchos casos, es pésima consejera.

Al asumir tu derecho a tomar tus propias decisiones, recuerda cargar con dignidad la consecuencia de las mismas. Sin embargo, también tenemos derecho a equivocarnos.  En la medida que hayas hecho un proceso responsable al decidir, sea cual sea el resultado, supondrá un aprendizaje y este te ayudará a mejorar la capacidad para seguir optando por alternativas a futuro y avanzar hacia tus metas.

Recuerda que la experiencia no es otra cosa que la suma de acontecimientos vividos que, con su dosis de reflexión, generan en nosotros aprendizaje.  Y es este conocimiento el que va forjando la sabiduría; aquella que nos va dando la facultad de actuar con oportunidad, sensatez y prudencia, enfrentando de manera más cómoda las siguientes decisiones que nos presente la vida. Y es precisamente la sabiduría, la que va formando a la intuición que, a mi juicio, es la mejor consejera al momento de tomar decisiones; suele ser la más acertada, pues de forma inmediata, sopesa experiencia, conocimiento y deseo.  Al Chile que ¡confía en tus instintos!

Con los años uno aprende que las cosas no ocurren necesariamente como uno planea, piensa o espera. La vida es caprichosa y nos invita a dejar de lado las expectativas, pues estas terminan por torturan y estorbar. El disfrute está en la aceptación de que la vida es así. Así que cuando enfrentes una decisión que implique riesgo, quisiera compartirte lo que mi experiencia me dice al respecto:

Cuando tomes una decisión, sea cual sea el resultado, la vida seguirá.  Las cosas pasan y no duran para siempre; nada de lo que ocurra es a favor, ni contra ti, solo hay mejores y peores momentos; el éxito no es definitivo, como tampoco lo es el fracaso.  Y lo mas importante, ten presente que:

Dicen los viejos que de las cosas que más se arrepiente uno después, es de lo que no hizo; siendo así, pues ¡hagámosles caso!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *