“La paciencia no es solo la capacidad de esperar, sino como te comportas mientras esperas”

Joyce Meyer

Me gusta esta frase para iniciar la conversación sobre este tema.  De pequeños seguramente oímos más de una vez, de boca de nuestros padres, las frases de “ten paciencia” o “no comas ansias”.  Siempre invitándonos a mantener la calma y a enseñarnos que la espera forma parte de la vida, pues las cosas pasan cuando tienen que pasar.

La impaciencia no es un estado agradable.  Nos angustia, nos enfada y nos aleja de una paz deseable para vivir tranquilos.  Muchas veces nos lleva a tomar decisiones de las que luego nos arrepentimos.  Por eso es necesario cultivar la paciencia, y más en esta era de la prontitud del internet.

La realidad del mundo actual colabora poco en la formación de esta virtud.  La tecnología ha procurado la inmediatez.  ¿Buscas alguna respuesta? accedes rápidamente a la web.  ¿Quieres comunicarte con alguien? El celular y las redes sociales te ofrecen la solución.  ¿Quieres comprar algo, o ir a un evento, o escuchar música o un podcast como este?, pues la tecnología te lo pone al alcance de un clic.  Todo esto ha provocado que vivamos con prisa y que todo se torne urgente y, por ende, nos ha hecho menos tolerantes a la espera.

Creo que todos coincidimos en que aquellos que logran mantener bajo control sus impulsos, consiguen una ventaja importante.  Cualidad que forma parte de lo que llamamos inteligencia emocional.  Y esto ¿por qué es así?, entre otras cosas, por el hecho de que nuestros pensamientos y decisiones siempre estan condicionados por dos cosas: nuestro conocimiento y experiencia, y nuestro estado de ánimo.  Y muchas veces este último, aplasta al primero. 

La vida -y los años- no enseña a base de madrazos, una y otra vez quien manda.  Ella decide tiempos y resultados. Tal como lo dije en mi reflexión anterior.  Es por esto que quizás la paciencia sea un rasgo ligado a la madurez, ya que con el tiempo uno debería entender que las cosas no dependen de uno, sino que ocurren a su tiempo y en la forma que el destino lo decide.

Paciencia es tener autodominio, particularmente cuando no podemos controlar lo que ocurre a nuestro alrededor (que es casi siempre).  Es comprender y aceptar sin sufrimiento, que no se tiene mando sobre lo que ocurre; y no pasa nada.  Es conseguir prudencia, serenidad y tolerancia, neutralizando a la ansiedad y la desesperación.  Es entenderla como un proceso de espera que canaliza a la reflexión.  Es no rendirse.  Es mantenerse estoico y comprender que, sumada a la disciplina, produce la mayoría de los éxitos.

Ahora bien, la paciencia no es la espera indefinida, ni la tolerancia infinita.  Debe ser equilibrio, donde la prudencia es el límite y cuando este se traspasa, uno claro que puede y debe rebelarse.

Ahora bien, ¿qué podemos hacer para cultivarla?  Diría dos cosas: la primera tiene que ver con hacer consciencia de que las cosas simplemente pasan cuando tienen que pasar y no dependen de nosotros.  En otras palabras, uno propone, pero la vida dispone.  Y la segunda es adoptar alguna práctica que nos permita relajarnos.  Debemos procurar una fórmula que nos permita aprender a autorregularnos. Por ejemplo, mediante un ejercicio que nos dé el tiempo para conseguir la calma con nosotros mismos; ya sea respirando profundo, o contando despacio hasta diez, pudieran ser de gran ayuda.  Yo lo practico y Al Chile que sí funciona.

La paciencia es tener confianza en la vida.  Es comprender que todo lo que sucede debe ocurrir y que, aun siendo distinto a nuestros deseos, también está bien. Es aceptar que uno esta para enfrentar y aprender, sin el afán por que ocurra nada en concreto.  Es conseguir la serenidad necesaria para una vida más armónica y sabia; con mayor reflexión y decisiones conscientes y menos impulsivas. Como bien lo dice George Savile: “un hombre que es un maestro en la paciencia, es un maestro en todo lo demás”.

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