“El descontento y frustración que sientes son enteramente tu propia creación”

Stephen Richards

Estos días no han sido fáciles para mí.  Sin embargo y a pesar de que en este momento no tengo la mejor de las energías, considero que es un motivo perfecto para dar rienda suelta a mis pensamientos y hacer una reflexión sobre lo que me ocurre.  Quizás fluya más natural.  Me siento frustrado y, por ende, quiero hablar de ello.

Definiría la frustración como un sentimiento provocado por la imposibilidad de satisfacer un deseo en el que confluyen impotencia, tristeza, rabia, angustia, decepción y ansiedad.  También podría ser por una necesidad, lo que me parecería aun mas grave y de distinto abordaje.  En mi caso, es más bien un deseo.

Es un estado de ánimo complicado, pues todo lo pinta de gris.  No tiene otro matiz.  Es decir, no es el negro de la tragedia, ni el blanco de la esperanza.  Es mas bien ese tono intermedio donde uno no se siente cómodo con nada: ni con el resultado, ni con la forma como avanza, ni con la manera como lo afronta, ni en las circunstancias que lo rodean; en fin, todo parece nublado.  Lo peor es que genera desmotivación y esto a su vez, provoca inmovilidad, lo que me parece como la receta perfecta para la frustración.

Ahora que ya tengo bien identificado el sentimiento, ¿por qué no avanzo en quitarme la frustración de encima? ¿qué debo hacer? Lo primero que es menester hacer es consciencia, para entender exactamente qué es lo que me pasa.  Y esto no es tan trivial.  No es lo mismo estar triste que enojado.  Lo primero puede ser resultado de una tragedia, mientras que lo segundo puede ser producto del miedo.  Por lo tanto, entender qué es lo que nos pasa es fundamental.  Y esto de la frustración, en mi opinión, proviene del incumplimiento de alguna expectativa.  Es decir, nosotros teníamos algo en mente que no esta ocurriendo como lo pensamos, y por ende, nos frustramos.  Y si estamos de acuerdo en ello, pues aquí radica el secreto del remedio.

Así que Al Chile que la clave está en la capacidad que tenemos para afrontar la discrepancia entre la expectativa y la realidad.  Lo primero que debemos hacer para desafiar este sentimiento, es entender la diferencia entre las dos.  La primera –la expectativa- es un invento nuestro; es la mente produciendo la película del deseo que imaginamos; el guion perfecto que nos alimenta el ego residente en la cabeza.  Lo segundo -la realidad- es el incuestionable y poderoso hoy: es lo que es y hay lo que hay.  Entonces, debemos aceptar que la frustración proviene de nuestra resistencia a aceptar la discrepancia entre lo deseado y lo real, y a mi juicio, solo hay una manera de conciliar esta diferencia: aceptar que solo una de ellas está en nuestras manos cambiar.  Y es muy evidente cual.

Por lo tanto, todo reside en el manejo que le demos a la expectativa y, desde mi punto de vista, hay solo dos caminos: o eliminamos la expectativa de nuestra cabeza, o le damos su justo valor, es decir, un escenario que NUNCA será igual a la realidad.  Si procesamos esto de cualquiera de estas dos maneras, eliminamos por completo la posibilidad de generarnos frustración.  Obvio no es un ejercicio sencillo, pero es viable.  Inicia por el reconocimiento de que somos nosotros mismos -cuando generamos la expectativa-, quienes utilizando nuestra propia mente estamos conspirando en contra nuestra.  Hacer consciencia de esto es la clave fundamental para desarmar este sentimiento.  No significa que uno no va a sentir frustración nunca jamás, claro que no, pero nos da las herramientas para desvanecerla.

La frustración es una reacción emocional inevitable que seguramente nos visitará, tengamos la edad que tengamos.  Por lo tanto, aprender a desafiarla es clave para lograr mayor tranquilidad y armonía en nuestro día a día.  Así que la próxima vez que te sientas frustrado, recuerda que esta en tus propias manos el poder aniquilar ese sentimiento: sometiendo la expectativa y aceptando la realidad.

“Si no tienes ganas de ser frustrado jamás en tus deseos, no desees sino aquello que dependa de ti”  Epicteto PD.  La frustración también puede derivarse de una NECESIDAD no satisfecha que puede provenir de una condición de marginación o pobreza, o alguna condición de salud.  Ese caso no lo he vivido y no me atrevo a abordarlo; sería irresponsable si lo hiciera.  Hay historias maravillosas de superación que pueden servir de inspiración. Sin embargo, me atrevería a decir que, si algo que pudiera ayudar a atemperar esa necesidad, es el entender y hacer consciencia de la realidad y procurar afrontarla con optimismo y disciplina.

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