“Deja que la mente se calme y el corazón se abra; entonces será todo muy diferente”

Anónimo

En las últimas dos reflexiones intenté esbozar algo de lo que he aprendido hasta ahora sobre la perspectiva de la vida.  Te sugiero las escuches, pues de lo contrario estas líneas no tendrán un sentido completo para ti. En ellas utilicé la analogía de una final de futbol a ida y vuelta.  Mi rival, el ego.  Durante el primer juego (la vida), me dejé controlar por él y el partido, como era de esperarse, fue muy entretenido para el susodicho. Para enfrentarlo yo, sin darme cuenta, alineé a lo que el ego mejor conoce y domina; y aunque el desarrollo del cotejo me dejó la sensación de triunfo, al final el desgaste fue tremendo y caí derrotado por mi rival; él controló el juego.

Finalizado el primer partido, caí en cuenta del daño que me estaba haciendo el rival.  Fue entonces que comencé a reflexionar sobre cómo poder neutralizarlo.  Ese fue un periodo muy rico en reflexión, estudio y toma de consciencia.

Para el partido de vuelta me sentía ahora si mejor preparado para enfrentarlo.  Decidí quitarle el dominio del juego (mi vida) y para ello utilicé un once distinto que presentaba mejores armas para contrarrestarlo. Le quité el balón y empecé a retarlo.  Aunque el cotejo no ha terminado aun, creo que a la fecha, voy dándole la vuelta al marcador.

Sin embargo, resalto que, gracias al desarrollo de esta final, he notado que el juego ha evolucionado para mí.  Descubrí que, para poder ganar, más allá de la nueva alineación que estoy utilizando, debía aprender ciertas reglas -lo que llamo Fair Play para seguir en la onda del futbol-.  Ponerlas en práctica me ayudarían a jugar más suelto, aprovechar al máximo los límites del terreno de juego, evitar las tarjetas y, con ello, poder salir airoso.

Estas reglas las asimilé de una mujer maravillosa que ha sido mi asesora y referencia durante este juego de vuelta.  Me ha estado enseñando el complejísimo arte de no armarla de pedo. Así llama ella a su curso.  No es un invento mío.  Es la forma como define la aspiración de la cátedra a la que gustosamente he acudido los últimos tres años.  Mi profe ha sido para mí, como tener a Guardiola aconsejándome para el partido de vuelta.  Redefinió el juego, y me retó.

Ella propone de forma maravillosa, una manera simple para ser felices en la vida: amar, liberar y aquietar.  Deja profundizo en ello.

Amar.  Es querer mucha gente; todas las personas posibles; sin condiciones. Es disfrutar la presencia de todos los que participan del terreno de juego.  Es hacer que cada individuo que se acerca a nosotros, se sienta bienvenido y recibido con cariño.  Es permitirnos lo extraordinario de descubrir y abrazar gente, y que ellos lo perciban así; que se sientan recibidos por nosotros.  Es apagar el ego, ese personaje ruin que nos impone a quien deberíamos o no de querer acorde a sus gustos y opiniones.  Eso nos limita y no nos proporciona paz.

Al tiempo de amar muchas personas, también significa amarte a ti mismo; tal como eres; con tus gustos y pasiones; con tus sueños e ilusiones; con tus habilidades y defectos; con tu manera de enfrentar la vida. Amar el jugador que eres.

Liberar.  Dejar a la gente ser como quieren ser.  Sin condiciones ni limitaciones.  Sin hacer juicios ni opiniones. Acompañar gustosos el rumbo que las personas hayan elegido para su vida.  Es hacerlos sentir bienvenidos ante nosotros. Es ofrecer a los jugadores autonomía e independencia sobre el terreno de juego. Liberar es otra forma de apagar los caprichos del ego, a quien le encanta juzgar cómo deben ser o comportarse los demás. 

Simultáneamente significa liberarte; permitirte ser quien deseas ser, sin ataduras de ningún tipo. Dejar de lado esas creencias que te condicionan.  Habilitar tus sueños e ilusiones, al tiempo de inhibir los inservibles “deber ser” y “qué dirán”.

Aquietar.  Es no armar pedo, a nadie, ni a ti mismo.  Es convertirte en un remanso de tranquilidad para la gente.  Es ser ese puerto seguro donde se recibe con los brazos abiertos a todos; sin aspavientos, ni críticas; sin perturbar.  Es ser ese lugar donde la gente se siente cómoda de estar.  Es ser ese jugador que siempre apoya al compañero y tiene el don de sosegar al equipo.

Pero también, es aquietarte. Es brindar otra perspectiva a los escenarios que crea el habilidoso ego.  Es reconocer que lo único que existe es el presente: es lo que es y hay lo que hay.  Es aprender a enfrentar la vida con la confianza de saber que sea lo sea que esta nos depare, estará bien. Es conservar la energía y buena vibra. Es desarrollar sabiduría para fluir; es eliminar las expectativas que solo generan frustraciones. Es vivir en paz y tranquilo.

¿Ahora lo ves con claridad? ¿Caes en cuenta que maravilla de persona sería aquella con la que te sientas querido, te deja ser tal y cual eres y que, además, te ofrece un remanso de tranquilidad?  Al Chile que sin palabras.  Mas bien, manos a la obra y ¡trabajemos para convertirnos en una persona así!

Allí está la sugerencia. Has consciencia y pon en acción estas tres simples palabras:

No diré más.  Los resultados son previsibles.

Cerraré con esta frase de Stephen Crane que ofrece una buena perspectiva sobre el desarrollo de ambos partidos: “Si cambias tu pensamiento, cambian tus emociones. Si cambias tus emociones, cambia tu actitud. Si cambias tu actitud, cambia tu vida. Si cambias tu vida, cambia tu destino”.

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