“La mentalidad es la siguiente: no te limites a jugar, juega para ganar”

Luis Suárez, jugador de futbol

Un amigo de mi hijo me preguntó recientemente sobre cuáles cosas consideraba me habían ayudado a tener éxito como profesional. La pregunta concreta fue: ¿cuál crees que fue el secreto de tu éxito? ¿qué me recomendarías? Mi reacción inicial fue de silencio; primero, porque me parece osado y soberbio ofrecer alguna fórmula de éxito y segundo, porque es pretencioso eso de recomendar.

Inicialmente se me vinieron a la cabeza aquellas cosas que -a juicio mío- consideraba como fortalezas destacables que me ayudaron a crecer en mi carrera.  Sin embargo, días después, la pregunta seguía resonando dentro de mí, pero con una dimensión distinta, más amplia.  Recapacité que no necesariamente esas cosas que ayudaron a mi desempeño profesional eran exclusivas de este, puesto que también me forjaron como persona.  Pero, igualmente relevante -y no lo pensé inicialmente-, es que hubo cosas de mi aprendizaje personal que ayudaron formar al ejecutivo que fui.

Pensé que podía comparar mi vida con un partido de futbol; uno de esos a ida y vuelta.  Donde uno va preparado para el partido de ida con sus habilidades y tácticas para enfrentar a un rival con el que se va a ver las caras por primera vez.  Suena el silbatazo inicial y conforme avanza el juego uno va ajustando sobre la marcha en búsqueda de la victoria. Comienza a conocer al contrario y a sentir su fuerza; notamos que no es fácil.  En ese primer encuentro casi no hay momentos de reflexión; un pequeño descanso de 15 minutos y luego a darle los siguientes 45.  Uno se esfuerza; corre, hace pausas; yerra situaciones; si tiene suerte, mete algún gol; recibe faltas, codazos, empellones; le meten goles.  Uno está allí para ganar y sabe que está preparado; tiene la habilidad, la técnica, la condición física y la táctica, logra salir avante del compromiso y enfrentar el juego de vuelta.

En este espacio, me referiré exclusivamente a ese partido de ida.

Hice memoria y reflexioné sobre aquello que más me ha servido en la vida y encontré un sinnúmero de aprendizajes.  Al inicio, parecía un poco larga la lista, pero se tornó fácil ir priorizando lo que a uno le sirvió. Y esto de “lo que a uno le sirvió” es importante acotar, puesto que cada cabeza es un mundo y, por lo tanto, no existe fórmula universal para el éxito.  Además, la vida de cada persona es distinta, al igual que el entorno en el que creció o las oportunidades a las que tuvo acceso, sumado a otro tipo de condiciones que hacen que lo que acá manifieste, tenga todo el sesgo de lo que eso significó en mí. Es decir, las condiciones con las que uno llegó al partido de ida, son muy particulares y diría, únicas de cada jugador.

Siendo así, te va esta pequeña lista de esas cosas que tuvieron mayor impacto en moldear mi desarrollo, las cuales considero me sirvieron mucho para enfrentar el partido de ida:

Esta fue la alineación que elegí; los once jugadores me ayudaron a salir bien librado en los primeros 90 minutos.

Sin embargo, la pausa que ha habido entre el partido de ida y la vuelta, ha sido un tiempo valiosísimo.  Me ha servido para reflexionar cosas muy importantes sobre cómo enfrenté ese primer juego; sobre mí y el rival.  Así que ahora, encarando el partido de vuelta, me apalanco en mis habilidades, pero las potencio con una nueva táctica que, a mi juicio, me esta haciendo llevar el partido de vuelta de manera más satisfactoria y sin mayores sobresaltos.   Al Chile que ¡cómo me hubiese gustado haber encarado el partido de ida con lo que aprendí en esa reflexión antes del segundo encuentro! Será motivo de la próxima entrega.

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