Nuestra existencia tiene una sola certeza: la incertidumbre

De unos años hacia acá he notado con mucha claridad el suspenso que conlleva vivir.  Tanto en lo personal como en lo profesional, he experimentado de las sorpresas y giros inesperados de la vida.  Es ahora que evidencio con claridad que, a pesar de planear y ejecutar mis movimientos -incluso a veces al detalle-, el desenlace se presenta distinto, algunas veces de formas realmente inesperadas.  Es la vida diciendo presente.  Algunas de estas sorpresas me han llenado de alegría, y otras tantas -quizás las más- me han traído desafíos que ha costado mucho digerir.

Mi intención con esta reflexión no es abordar el sentido de la vida; para eso hay muchos filósofos que durante siglos han escrito sobre el tema.  Simplemente quiero meditar sobre nuestro viaje y sus incontables sorpresas; el vaivén de emociones que uno siente; las reflexiones, las lecciones y los propósitos.  Todo con el único fin de compartir y atreverme a sugerir algunas ideas para sobrellevar mejor nuestro paseo por la vida.

La vida ciertamente es una aventura que ofrece un sinnúmero de experiencias inesperadas maravillosas.  Es suspenso, sorpresa, capricho.  Es todo menos predecible.  Ella debe reír cuando nosotros planeamos con precisión quirúrgica los pasos exactos que nos llevarán a conseguir alguna meta; o cuando cavilamos escenarios para resolver situaciones creyendo que las expectativas dibujadas se cumplirán.  La vida es implacable y nos enseña una y otra vez que es ella misma quien manda y se encarga del resultado.  De manera inclemente nos recuerda quién tiene la última palabra.  Nuestra soberbia y arrogancia nos hacen creer que está en nosotros controlar al destino; y no, la vida se encarga de ello.  No pretendo sugerir con esto que es inútil lo que uno hace y que lo mejor sería quedarse sentado a esperar que la vida pase y decida, no.  Claro que hay cierta lógica en esperar determinadas consecuencias producto del esfuerzo o de la voluntad (o la falta de).  Lo que sí quiero decir es que uno debe ser consciente que, a pesar de todo, es la vida es quien decide.  Siendo así, considero que es mejor convencerse de suprimir las expectativas pues de lo contrario uno se va a frustrar; son primas hermanas de la decepción; son escenarios hipotéticos que casi nunca suceden.  Nuestra energía se debería enfocar en enfrentar más que en resolver; en ocuparse por lidiar lo que la vida decida enviar; del resolver, ya ella se hará cargo. Y eso, si acaso le da la gana.

Dicho lo anterior, considero que el mayor reto de nuestra existencia, es el intentar vivir tranquilo en medio de la incertidumbre del viaje. Aprender a aceptar lo que hay, es un paso fundamental en esa dirección.  Hacer consciencia que el presente es definitivo e indubitable: es lo que es y hay lo que hay.  Y como no hay nada más posible, pues es preferible pensar que así también está bien.  No perdamos tiempo regresando al pasado pues este ¡ya pasó!  Ni creando películas de un futuro que ni siquiera existe y que es tan incierto como la vida misma.

Sabedores que nuestro devenir es incierto, sorpresivo y cambiante, nos debe llevar a la conclusión de que nada de lo que nos ocurre es categórico.  Ni el éxito es definitivo, ni el fracaso tampoco.  Tanto alegrías como tristezas son pasajeras.  Así como se cierran puertas, siempre se abren otras. Por lo tanto, hay que ser consciente que ¡nada dura!  Todo viene y va.  La vida es un constante sube y baja.  Interiorizar esto nos permitirá subsistir con mayor quietud y paz.  Cada día presenta oportunidades y desafíos nuevos a enfrentar.

Y así como vivimos infinidad de cosas, es importante entender que nada de lo que nos pasa es contra nosotros.  En medio de 8 mil millones de personas, no creamos que somos el centro del universo.  Las cosas ocurren, punto.  Los actores que protagonizan los eventos de nuestra vida son simplemente eso: actores.  Les tocó estar presentes en la lección que nos manda la vida.  Y como fueron ellos, pudieron haber sido otros; ellos solo estaban allí de paso.  Nadie tiene nada contra ti.  No eres tan importante.  Lo esencial de cada suceso es meditar sobre su propósito, quizás lo hacemos particularmente en los tragos amargos, pero también hay que hacerlo en los dulces, ya que te puedes engolosinar y la vida pasará a cobrar su factura.   La reflexión es relevante.  Las mejores lecciones nos las brinda el mejor maestro: la vida.  Y es muy importante aprender.  Si no estudiamos y pasamos el examen, la vida se encargará de ponérnoslo de nuevo y con seguridad, será más difícil.

La vida es fantástica; la aventura del viaje y su vorágine de emociones nos energiza.  La vida es suspenso, sorpresa y capricho y, por lo tanto, no pretendas resolver, pues será ella quien decide, solo ¡enfrenta!  La vida es presente: es lo que es y hay lo que hay, y así, también está bien.  En la vida, nada dura y nada es contra ti.  Y como solo tenemos esta y de nosotros depende el gozo, pues Al Chile que ¡a disfrutar!  Como bien dijo James Dean: “no puedo cambiar el viento, pero puedo ajustar las velas”.

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