“El miedo es la incertidumbre en busca de seguridad”

 Jiddu Krishnamurti

Siempre que comenzamos una nueva etapa, ya sea nuevo año, o una nueva aventura, como un nuevo trabajo, nos planteamos objetivos o metas.  Paralelamente nos ponemos a reflexionar sobre aquellas cosas que deseamos evitar, cambiar o experimentar.  Y en ese proceso siempre aparece la incertidumbre y de eso me quiero ocupar hoy, pues la vida, inevitablemente es suspenso y sorpresa.

¿Por qué nos agobia la incertidumbre si sabemos que la vida es así?  En definitiva, porque amamos el control y detestamos la inseguridad.  Es esa sensación de temor o de titubeo que aparece y algunas veces nos paraliza.

Sin embargo, si somos capaces de ver la vida en perspectiva, nos daremos cuenta que vivimos en un estado constante de suspenso y ambigüedad.  Por lo tanto, no queda más que aceptar la incertidumbre como una constante en la vida.  A esto habría que sumarle que la naturaleza humana provoca que fluctuemos constantemente entre la confusión y la claridad; en otras palabras, entre la locura y la cordura.  Irremediablemente una receta que invita al caos.

La incertidumbre se manifiesta a través de un pensamiento o una emoción.  Si logramos hacer consciencia de que ambas cosas se generan en nuestra mente, hemos dado un paso al frente para ponerla bajo control.  Aún más, si tenemos la capacidad de encontrar la calma y hacer un ejercicio de introspección y ver más allá de lo que simplemente esta sucediendo, podríamos apreciar que en esos momentos hay grandes oportunidades de transformación. Eso donde uno se rinde.

Sin embargo, eso de rendirse o “dejar fluir”, no es fácil.  Además, muchos estarán hartos de esa expresión, pues no sabemos bien a bien que significa, y mucho menos cómo hacerle; más aún cuando la incertidumbre nos agobia.  Pues bien, una manera sencilla de ayudar a entender lo que esto significa es con la siguiente metáfora: imaginemos que la vida es el mar; y la marea y las condiciones del clima son las circunstancias alrededor de la vida; y nosotros nadamos allí.  Entonces, cuando el mar nos presenta una marea y un clima calmos –sería cuando la vida te sonríe– es que flotamos y nadamos con facilidad; alegremente y sin esfuerzo alguno.  Sin embargo, cuando el mar se agita y nos enfrenta a mareas bravas con condiciones climatológicas hostiles llenas de tormentas, truenos y rayos –lo que equivaldría a cuando la vida se pone difícil– es preciso cuando más trabajo nos cuesta mantenernos a flote. En un escenario así estaríamos seguramente haciendo un esfuerzo enorme al nadar; sin lograr avanzar y sufriendo por la preocupación por sobrevivir.  Y como la vida –el mar y el clima– es caprichosa, no cesará hasta que ella misma lo desee.  Por lo tanto, en esas condiciones -si somos sabios- lo mejor sería dejar de luchar y más bien dejarnos llevar por la corriente, evitando desgastarnos por hacer lo imposible.  Eso sería dejar fluir.  Y como la vida es tan sabia, al vernos rendidos, con seguridad nos presentará una alternativa para sobrevivir; nos acercará un tronco para flotar, un bote para que nos rescate, o simplemente cesan las malas condiciones.  Y tú estarás bien, con las energías intactas. Si logramos verlo de esa manera, estaremos mejor preparados para cuando la vida nos enfrente con situaciones inesperadas.

La incertidumbre tiene mala reputación. Nos sentimos incómodos con ella.  Su presencia nos desafía; nos provoca pensamientos retadores, reflexiones profundas; nos despierta una creatividad infinita para enfrentar esas cosas que no podemos controlar. Es un momento maravilloso de lucha entre la confusión y la sabiduría, y se convierte en un trampolín muy útil para el crecimiento personal, el bienestar y la resiliencia.  Así que Al Chile que no veas la incertidumbre como una amenaza; es más bien un desafío para ser más flexibles y menos rígidos; mas curiosos y capaces de ver la vida a color más allá del blanco y negro.

Para cerrar, utilizaré estas líneas de Patrick Ness que considero, resumen bien la concepción de la incertidumbre: “Cumplir años es envejecer; crecer es otra cosa.  Es darse cuenta de que la vida no es lo que esperas.  Es comprobar que a veces se gana y otras se pierde. Y, sobre todo, que a veces se gana y se pierde al mismo tiempo.  Crecer es aceptar la incertidumbre.”

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