Haz lo que sientas, no estamos aquí para siempre

Voy a hacerlo en el momento oportuno… A la primera que pueda, me lanzo…  Tranquilo que ya llegará su oportunidad…

¿Te suenan familiares estas frases? ¿En qué momento las dices, para quitarte algo de encima o realmente para actuar?

¿Tú eres de los que creen que la oportunidad aparece o que la creamos?  ¿piensas que es producto del destino o es consecuencia de nuestra realidad?

Hablar de las oportunidades me parece apasionante.  El anhelo y la sorpresa que las envuelve me parece un elixir maravilloso que nos invita a vivir.  Creo que el gran secreto de las oportunidades lo guarda la intuición.  Esa voz certera que viene del corazón pero que la razón se encarga de ignorar.  La intuición es como un susurro del alma que, a mi parecer, no se equivoca.  Síguela.  La vida es de los valientes.  Les aseguro que nadie se arrepiente por serlo.

“Dentro de 20 años lamentarás más las cosas que no hiciste, que las que hiciste… así que suelta amarras y abandona el puerto seguro… atrapa el viento con tus velas… explora… sueña… descubre.”  Esta frase es de Mark Twain, y en ella se contiene el mensaje de lo que quiero abordar en esta reflexión.

Pero ¿y las oportunidades donde estan? La respuesta es simple: estan siempre presentes.  En algunos casos como consecuencia de nuestra propia realidad y en otros, como resultado de nuestras acciones; y si, quizás también, como resultado de la suerte o nuestra energía, aquello que llamamos destino.

De entrada, nuestra propia realidad, por si sola, ya tiene numerosas oportunidades presentes y listas para ser abordadas.  Solo por el hecho de ser quién eres ya define posibilidades; es decir, el lugar donde estas, tu condición social, tu salud, educación, tus relaciones, etc.  Piensa en la cantidad de cosas a tu alcance que muchas veces no ves, o las das por sentadas, o simplemente no reflexionas sobre ellas.  Para dejar eso más claro, solo imagina que hubieras nacido en otras condiciones de salud o de escala social; o en otro país -no es lo mismo nacer en Francia que en Gabón-.  Cuando lo ves así, puedes apreciar más claramente que hay una diferencia entre las oportunidades que tienen unos u otros.  Estas son las que yo llamo consecuencia de nuestra realidad.  Y acá el punto no es si tienes más o menos que alguien, el punto es que las tienes y debes detenerte a verlas para explotarlas al máximo.  Por eso les repito a mis hijos que una diferencia importantísima en la vida de las personas radica en las oportunidades que tiene a su alcance.  Imagino que tú, que escuchas esta reflexión, eres de los afortunados; por lo tanto, tienes la obligación de aprovecharlas.

Las oportunidades producto de nuestras acciones -u omisiones- son, quizás, mucho más evidentes para nosotros.  Pero estas, simplemente, son el resultado de que inicialmente tomamos una de esas oportunidades presentes como consecuencia de nuestra realidad y es en el mismo proceso que van surgiendo nuevas alternativas ante nosotros. Y si, quizás estas las vemos más, pues se aprovecha la misma inercia de haber tomado acción y pareciera que son más ciertas a nuestros ojos. 

Adicionalmente, la vida posee la magia del suspenso, de lo inesperado, lo sorpresivo.  Y es cuando algunas veces nos coloca frente a situaciones repentinas, que son tan inesperadas como inexplicables, y que nos pueden voltear el tablero de juego por completo.  Inclusive llega a ponernos en el predicamento de decidir en instantes.  Esas son las oportunidades que aparecen producto de la suerte, la energía o el destino como dirían algunos.  Pero pueden ser también una consecuencia impensada de nuestras acciones.  Y cuando llegan, la vida no espera; nos pone a tomar decisiones y es allí, donde la intuición, nuevamente, debe guiarnos en la elección.

La sabiduría popular nos dice que hay 3 cosas en la vida que nunca vuelven: la palabra pronunciada, la piedra lanzada y la oportunidad perdida.  Por lo tanto, el éxito radica en aventurarse; dejarse llevar por la intuición y actuar.  Recuerda que el que no quiso cuando pudo, no podrá cuando quiera.  La indecisión es el ladrón de las oportunidades.  Hay que tener el valor de abandonar la fuerza de la costumbre y la seguridad de lo conocido, por perseguir un sueño.  En mi experiencia las cosas más satisfactorias de la vida vienen en los momentos que cambiamos la certeza de la comodidad por la incertidumbre de nuestras ilusiones.

Cada día es una hoja en blanco que te permite tomar acción. Las oportunidades siempre están allí, pero hacerlas realidad es responsabilidad de nosotros, ya que las ideas no se concretan solas, nos corresponde a nosotros realizarlas.  Por lo tanto, di sí más a menudo; experimenta y asume riesgos: toma decisiones.  Conoce más: viaja, relaciónate con más gente, experimenta cosas nuevas: sé curioso y presta atención a todo lo que se te presenta.  Y cuando el corazón te llama, Al Chile te lo digo, ¡arranca! toma la oportunidad y atrápala con pasión; deja siempre tu mejor esfuerzo y sé consciente que lo mejor es el viaje y no el destino.  Recuerda, nadie se arrepiente por ser valiente.

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