“La ansiedad no libera el mañana de sus penas, solo vacía el presente de su fortaleza”

Charles Spurgeon

La zozobra es una de esas cosas a las que nos enfrentaremos en la vida con absoluta certeza, lo queramos o no.  Es una palabra de esas que, al repetirla varias veces, nos confunde con su fonética, tal y como nos sentimos cuando la vivimos.

La zozobra viene del catalán sotsobre y puede traducirse como hundimiento.  Se relaciona a naufragar, venirse abajo, perder, fracasar o al hecho de sentirse inseguro debido a la incertidumbre.  Y es precisamente a esto último a lo que quiero referirme el día de hoy: a esa sensación de desasosiego o de inquietud que nos produce el no tener certeza sobre algo.  Es como un estado de fracaso inminente; de sentirse a la deriva con una especie de angustia y nerviosismo.

La zozobra es un sentimiento inevitable.  Se presenta procedente de algún acontecimiento que consideramos como fracaso o con implicaciones negativas para nuestra vida y cuyo producto o desenlace, desconocemos, pero lo imaginamos terrible para nosotros.  Se trata de escenarios aletargados que inventamos en nuestra mente, pues nada de lo que creemos ha sucedido aún y, con toda certeza, no ocurrirá de esa manera.

En mi vida he sentido zozobra en innumerables ocasiones.  Quizás la época más fuerte sucedió cuando repentinamente y producto de una situación poco agradable, se termina mi relación con la empresa para la que yo trabajé más de 25 años.  Recuerdo que por mucho tiempo divague en escenarios terroríficos, trágicos y tristes, donde no aparecía señal alguna de esperanza y tranquilidad.  Mucha angustia.  Imagino que ustedes habrán vivido diferentes situaciones donde han tenido esa sensación de angustia y frustración en su vida.

Vayamos a profundidad y desmoronemos la zozobra.  Lo primero a entender es que es auto infligida, pues a pesar de que se genera por un evento no agradable, es producto no del suceso per se, sino de imaginar y navegar con parsimonia a través de desenlaces funestos ficticios que no han ocurrido y que seguramente no pasarán.  Es el mismísimo ego que se aparece con su cantaleta incómoda una y otra vez, provocando en nosotros mortificación, desgaste de tiempo, salud y entusiasmo al dejarnos enredar por él.

En escritos pasados me he referido a las expectativas como resentimientos premeditados creados por el pensamiento, uno de ellos puede decirse que es la zozobra.  Es decir, nosotros somos quienes generamos la desesperanza, por lo tanto, somos quienes nos vemos frustrados idealizando falsos escenarios.  Y allí radica el error, en enaltecer un futuro, que es incontrolable por definición, y producir emociones reales producto de un pensamiento falaz.  En otras palabras, es un autoengaño, y como tal, podemos entrenarnos para evitarlo.

No tengo una receta infalible contra la zozobra, pero me atrevo a sugerir que el principal antídoto para atacarla es la consciencia.  Es decir, en el momento que comenzamos a sentirla, debemos parar, observarnos y entender que la sensación está siendo auto producida.  Un buen ejercicio es decirle a la mente “detente que todo eso que estas creando no existe y me produce malestar”.  Posteriormente debemos entender que todo aquello que nuestra mente plantea en perenne estado catatónico, es simplemente un espejismo del que podemos salir, pues lo que está sucediendo, en realidad no está pasando.  Es el poderoso y habilidoso ego jugando a crear escenarios trágicos que no van a ocurrir.  De ninguna manera quiero sugerir que lo que sucederá será mejor a lo que imaginamos, ¡no!, puede incluso ser peor; pero lo que sí puedo asegurar, es que no ocurrirá como lo suponemos, ya que en ningún caso sabremos el desenlace apriori y, por lo tanto, no merece la pena el desgaste.  Por eso es importante centrarse en el presente, enfocarse y ocuparse en el hoy y no en planificar escenarios ni generar expectativas.  Enfrentarlo. Tener la claridad que el presente es lo que es y hay lo que hay, y repetirlo a nuestro interior varias veces, y agregar: y así también está bien. La vida nos sorprende con cosas agradables y algunas no tanto. No nos dejemos dominar por las emociones que esto genera.  Mas bien seamos conscientes que todo es pasajero y que nada es contra nosotros y nada dura.  Disfruta el presente, actúa y deja que las cosas fluyan; el miedo a la incertidumbre bloquea todas las sorpresas de la vida.  Al Chile te digo: tú eres el capitán de la nave y sabes que aun con el viento en contra, se puede navegar a vela.  Como dice Duchanlu “si la angustia acompaña tus problemas, tendrás dos problemas juntos; deja la angustia…”

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