“No es lo que está sucediendo, es lo que estas interpretando. Las creencias son más poderosas que la realidad”

Alex Dey

Hoy quiero abordar un tema que la gran mayoría de las veces, pasa desapercibido en nuestra vida diaria:  las creencias, y cómo estas afectan nuestro pensamiento y lo condicionan, limitando el potencial de ver la realidad con diferente perspectiva.

Una creencia es una actitud mental que consiste en aceptar una experiencia, una idea o una teoría, y considerarla verdadera; algunas veces, inclusive, sin que medien ni hagan falta manifestaciones reales o empíricas, es decir, solo porque así nos lo dijeron y lo aprendimos.

Nosotros -todos- somos seres que cargamos creencias.  Y no somos del todo conscientes que estas, nos condicionan fuertemente nuestro actuar.  Algunas de ellas provienen de nuestro entorno social: país, cultura, familia, barrio, religión, colegio, etc.  Y otras son fruto de la experiencia directa con el mundo y de la interpretación, errada o no, que hacemos de determinados eventos.  Creemos que nuestros pensamientos, sentimientos y actos son absolutamente individuales, y no son más que el reflejo inconsciente de las expectativas de nuestro entorno.

Dicho de otra forma, una creencia es aquello que decidimos afirmar (gustos, odios, juicios, interpretaciones) y, por consiguiente, se estaciona en nuestra mente y provoca que el pensamiento funcione en modo automático.  Por lo tanto, mientras más identificados estamos con lo que pensamos, más fuerte es la carga emocional, limitando nuestra consciencia de la realidad.

Para contextualizar mejor esto, voy a poner un ejemplo.  Yo crecí en el norte de México, en un entorno conservador, en un barrio de clase media, de gente pujante y estudié en un colegio marista.  Mis padres, personas de valores y creencias férreas conservadoras y católicas.  En ese ambiente, el asunto de género era un tema binario: solo había hombres y mujeres, el resto estaba “mal”.  Es más, no se permitía siquiera hablar sobre eso; era prohibido.  Así que se podrán imaginar que, si llegaba a conocer a una persona “distinta” de acuerdo a mis creencias de la época, pues pensaba en automático lo que había aprendido con la respectiva emoción asociada.  Por fortuna me quite ese tabú y muchos otros, de encima. De hecho, ahora para el establishment, me convertí en “liberal”.

Por lo tanto, es muy claro como nuestra percepción de la realidad deriva de nuestras creencias, interpretaciones y experiencias pasadas, y reaccionamos -la mayoría del tiempo- de forma automática, en vez de observar, antes de responder.  Así que te sugiero, que hagas consciencia de eso para expandir tus límites. La flexibilidad te hará un ser más inteligente.  Evita que el pensamiento te domine; ponlo en pausa; deja la emoción estacionada y saca los lentes que te permitan ver la realidad con otra perspectiva.

Observar las emociones asociadas es muy importante pues estas no son más que una forma de pensamiento amplificado que se apodera de nosotros.  Por lo tanto, mientras más emoción sientas, menos objetivo eres y, por ende, la capacidad de hacer consciencia se diluye.

Para nuestra mala fortuna, estos patrones mentales poseen una enorme influencia en nosotros. Nos casan con una única verdad y rechazamos otras formas de ver la realidad. Nos negamos a creer que estamos condicionados, y al no alejarnos y hacer consciencia para lograr una observación más amplia, alimentamos constantemente nuestros mismos pensamientos provocando que nos volvamos adictos a ellos y a negarnos a algo distinto.  Esto es muy evidente si nos ponemos a revisar lo que seguimos en las redes sociales. Hagan el ejercicio de lo que siguen en Twitter y descubrirán que seguramente son cuentas muy afines a ustedes.

Por lo tanto, te invito a tratar de hacer consciencia cada vez que veas o te enfrentes a algo o alguien distinto, que te estimule reacción.  Particularmente, si te provoca un alto contenido emocional, pues significa que hay una creencia muy arraigada y te está impidiendo el beneficio de ver la realidad con otra perspectiva.  Las creencias -en su mayoría- limitan, pues provienen de una sola interpretación de la realidad y esto claramente no es así.  Sería como llevar puestas las anteojeras que les ponen a los caballos para ver solo al frente y no mirar a los lados.

Nos toca aprender a desaprender lo aprendido.  No somos los dueños de la verdad y si logramos el poder de observar las cosas con otro lente, despojado de creencias y emociones, nos brindará el beneficio de ampliar la manera de ver las cosas.  Esto nos permitirá re aprender e inclusive, lograr mayor quietud y paz interior. 

Te dejo este pensamiento que recién leí en un libro de Yung Pueblo: “Antes de que veas algo o a alguien claramente, debes estar consciente de que tu mente, impulsivamente, va a filtrar lo que ve a través del lente de tu pasado condicionado y tu estado emocional presente”.

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