“Una estrategia delinea un territorio donde una empresa busca ser única”

Michael Porter

En esta reflexión retomamos nuevamente un tema que apoya el desarrollo profesional.  Hablaré de estrategia.

Cuando se conversa sobre esto, mi experiencia me dice que hay anarquía con el concepto, ya que algunos lo confunden y mezclan con lo operativo y/o lo táctico.  Por consiguiente, se pierde efectividad o foco.  Lo operativo, es lo que se hace sí o sí en la actividad de una empresa; por ejemplo, en una compañía industrial sería producir, distribuir, vender y cobrar, entre otras cosas necesarias para que se finalice el producto.  Por otro lado, lo táctico serían aquellas iniciativas que nos llevan a que una estrategia se cumpla.  Siguiendo con el ejemplo, una estrategia sería que esa compañía quisiera distinguirse por ser la más accesible al consumidor tecnológicamente hablando; entonces -por ejemplo- una táctica que abona al cumplimiento de esa estrategia podría ser el desarrollo de aplicaciones en línea.  Por lo tanto, como es evidente, esto no es parte de la operación diaria del negocio; en otras palabras, la compañía funcionaría con o sin ello; más bien forma parte de una transformación que está buscando.

La estrategia es una aspiración coherente, ambiciosa, retadora y audaz; algo alcanzable y transformador que genera ilusión.  Es decir, es un destino al que se busca llegar para distinguirse del resto. Es algo así como la tierra prometida a la que queremos llegar.  Por lo tanto, es imperativo que la estrategia sea algo que se puede contar y de manera que consigamos apropiación y emoción. El éxito se asegura cuando la estrategia se convierte en una historia que genera ilusión en las personas, pues es así como se consigue pasar de los enunciados a la movilización de manera efectiva. Recuerda: a las personas las mueven las emociones.

Adicionalmente, la estrategia no es una imposición de una sola persona, debe ser un ejercicio de co-creación, donde participen los diferentes miembros del equipo ejecutivo, no solo para obtener compromiso, sino para contar con la retroalimentación de los distintos stakeholders alrededor de la empresa.  Agregaría que debemos ser fundamentalmente conscientes de desarrollarla respetando el concepto integral de sostenibilidad (económica, social y ambiental).

Para fincar una estrategia, debemos comenzar haciendo la distinción de que la Misión, Visión y Valores son la piedra angular que la cimenta.  La Misión es el propósito, la razón de ser y existir; la Visión es la aspiración última, la ilusión que se pretende lograr con el propósito.  Ambos deben ser postulados ambiciosos, alcanzables y distinguibles para una organización.  Con un lenguaje tal, que se le relacione perfectamente con nuestra empresa; en otras palabras, aquí los genéricos no valen.  Por otro lado, los Valores son los principios morales y éticos que delimitan el camino por el que se transita para alcanzar el propósito, y son muy importantes en la definición del compromiso que se demanda de los colaboradores, por lo que su comunicación, reflexión y adopción, son fundamentales.

Dicho esto, la estrategia viene a ser el camino, sustentado y coherente, para alcanzar la visión. Debe ser articulable -repito- un cuento que ilusione, comprometa y movilice.  Para llevar a la práctica la estrategia, lo que llamamos la gestión, se facilita cuando esta logra mover las emociones de aquellos que la implementan. Por eso es importante transformarla en un cuento, en una historia.

Pero ese cuento hay que transformarlo en iniciativas que den foco, alineen, direccionen y movilicen.  Para esto se requiere de estructura; una que traduzca adecuadamente la estrategia y la integre con la gestión. En otras palabras, necesitamos de una herramienta que nos ayude a convertir la estrategia de negocio en algo accionable, que la exprese, consolide y administre; que nos ayude a describirla y comunicarla; a medirla y a hacer seguimiento con indicadores y objetivos, a las iniciativas que se están llevando a cabo para alcanzar la estrategia.

Quiero reiterar que es imperativo que la estrategia y sus lineamientos, sean entendibles, digeribles y gestionables. Por lo tanto, es muy importante la redacción de los enunciados estratégicos, pues deben contener los mensajes precisos de lo que se quiere transmitir: a dónde se quiere llegar y mediante qué camino.  Además, estas ambiciones deben ser perfectamente distinguibles y medibles y como su nombre lo indica, no son tácticas ni operaciones naturales del negocio en marcha. 

Reitero, para tener una estrategia efectiva es fundamental simplificar y focalizar de manera que la ambición sea fácil de comunicar. En resumen: mensajes sencillos para lograr que la estrategia y sus iniciativas sean entendibles, digeribles y administrables; contar con una herramienta de gestión uniforme, compartida, y con objetivos alcanzables y fáciles de medir.

Si una empresa desea movilizarse con foco, alineada y direccionada, es preciso que su directiva y mandos medios tengan un conocimiento compartido de lo deseado.  Esto va más allá de la visión o misión; es conocer las estrategias, los lineamientos, las iniciativas y objetivos.  Reitero, el lenguaje utilizado, así como la teoría y las herramientas de administración son fundamentales.  Si todo esto se consigue comunicar mediante una historia que ilusione y provoque, Al Chile que la movilización hacia el alcance de las metas no solo será más efectiva, sino placentera.

“La estrategia sin proceso es poco más que una lista de deseos” Robert Filek

PD.  Todo lo acá manifestado, aplica a tu vida personal también.

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